"No hay que interferir en la delicadísima mecácina de la magia con un pedido de explicación; hay que someterse y dejarse gobernar"
"Todo escribe a nuestro alrededor, eso es lo que hay que llegar a percibir" Marguerite Duras

29 de marzo de 2009

Relato de un naufrago


Había sido un día como tantos otros, con las idas y vueltas que tiene la vida de una persona que no se resigna a lo que le toca vivir.
Creyendo que no se iba a poder dormir, luego de leer lo correspondido del día, decidió salir a tomar aire fresco y explayar su mente con una historia prestada.
Compró un atado de cigarrillos y por el vuelto un par de caramelos.
Se adentró en ese relato de un náufrago, se sintió parte. Sintió que cada pensamiento de ese ser solitario era el propio eco del suyo.
Lo que hacía que se sintiera tan identificada no era el simple hecho de que ambos se hallaran tan solos en el mundo por más de que estén rodeados de muchas personas, sino que al igual que ella, la vida le había mostrado a ese hombre que no siempre las personas buenas obtienen una recompensa.
El cansancio y el frío le hicieron decidir que debía volver a casa, volver a dormir para al siguiente día poder leer lo que debía, cumplir lo preestablecido.
Guardó las cosas en su bolso, comió un caramelo y prendió un cigarrillo. Le gustaba la mezcla del sabor dulce de un caramelo con ese sabor tan amargo y seco de un cigarro.
Las primeras cuadras fueron normales, las mismas casas, los mismos nombres, los mismos rostros extraños de una ciudad, que solo le trasmitían frialdad, desinterés y sobre todo mucha distancia.
Pero al cruzar la última calle, la más ancha, tuvo una sensación muy extraña, como si con cada paso se fuera desvaneciendo y dejando este mundo para sumergirse en otro desconocido.
Se detuvo en la mitad de la cuadra, sus fuerzas no le alcanzaban para llegar a casa.
Un largo escalofrío corrió por su espalda, se sintió elevada en el aire, sus pies ya no tocaban el suelo, se hallaba desnuda y completamente sola en una claridad infinita.
Al despertar creyó que había sido un sueño. Se sentó en la cama, como todas las mañanas hacía, y entonces notó que esa no era su cama, ni su pieza.
Desconcertada fue al baño y al verse en el espejo un grito nació de su garganta, un grito que no era suyo.
El reflejo del espejo mostraba un rostro que tampoco era el suyo, era el rostro de un náufrago.

1 comentario:

  1. Hola Felicitacxiones por tu blog
    te invitamos a que leas periodicamente el nuestro.
    Un beso.
    www.elmundoentrelasmanosvirtual.blogspòt.com

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