"No hay que interferir en la delicadísima mecácina de la magia con un pedido de explicación; hay que someterse y dejarse gobernar"
"Todo escribe a nuestro alrededor, eso es lo que hay que llegar a percibir" Marguerite Duras

15 de diciembre de 2010

En un pueblo pampeano

No había siquiera una pisca de viento que renovara las partículas calientes que rodeaban su cuerpo

Haciendo hincapié en nimiedades del lugar avanzo por esas calles, calentadas por el sol refulgente de los mediodías de verano

Los negocios cerrados, el silencio de la siesta, y la humedad pegada al cuerpo eran sus únicos acompañantes

Caminaba como sin rumbo, con la mirada fija en el horizonte plano, los brazos balanceándose lentamente y los pasos retumbando en su cabeza

Recordó sus comentarios acerca del lugar… rincones escondidos, que se descubren solo en ciertas horas del día… debía recorrer entonces la ciudad varias veces hasta encontrarlos? Hasta encontrarla

Sacó una foto doblada, con pliegues pronunciados y manchas de antaño, trató de alisarla un poco, y se quedó observándola largo rato

Alzó la vista como buscando el retrato de la foto en el paisaje. Su mirada se desplazaba en un vaivén desde la foto, al paisaje, y viceversa, girando su cabeza en toda dirección

Detuvo esta inquisición unos segundos, sacudió su cabeza como para despabilarse, y retomo el avance por las calles de aquel pueblo pampeano, tan húmedo como desierto en aquellas horas

Un perro tendido en el polvo a la sombra de un algarrobo se levantó y lo miró fijo, moviendo el rabo se dispuso a caminar junto a él

La plaza, como de repente se apareció a su frente. Sentado bajo un árbol para recobrar el aliento, la calle le pareció un tanto difusa, desprendía un vaho espeso reflejando la luz del sol en las partículas de aire y creando una ilusión de superficie hídrica sobre el cemento seco

Detenido en el análisis físico que explicaba aquel suceso tan contradictorio, se cerraron sus ojos cansados de tanto mirar

Lo despertó el golpeteo en las costillas del lado izquierdo del bastón de un policía

-Disculpe señor, pero no puede dormir en la calle, ¿no es de por acá no cierto? ¿De dónde viene? ¿Qué busca?-

La voz retumbaba en sus oídos recién acostumbrados a la vigilia

-Busco esta dirección ¿podría usted indicarme dónde queda?-

-Claro, usted va por esta calle, dobla a la derecha, tres cuadras más, llega a la última calle del pueblo, vuelve a doblar pa’ la derecha, una cuadra y la encuentra de mano izquierda-

La cara inquisitiva del policía lo preparó para los comentarios que seguramente seguían a las instrucciones

-¿Piensa alquilarla? Porque esa casa está abandonada desde que la madre de la chica que vivía ahí, que era viuda, la madre no la chica, se fue a buscarla a buenos aires. El marido se mató en un accidente de autos- y bajando la voz con un tono más serio para darle importancia a lo que venía- dicen que estaba borracho, y que venía de ver a la amante en el pueblo vecino, vio como son estas cosas, en fin la madre se fue a buscarla a buenos aires y nunca volvió. Usted sabe que se comenta en el pueblo, que la chica, era una de esas zurditas que mientras estaba estudiando en la capital, se metió en el quilombo de aquella época, y se la llevaron, dicen que es una de las que deben estar al fondo del río, o ya en el mar debe estar

Antes de que el policía siga con la exposición acerca de lo que había ocurrido con esa familia tan desgraciada, le agradeció y emprendió el camino, dejándolo dando explicaciones al viento

Parado frente a la casa, con la foto nuevamente desdoblada en sus manos, se encontraba como en trance, la mirada perdida, quien sabe dónde, en qué época, en qué lugar. Sus ojos se iluminaron de repente, y casi sin notarlo cayeron en un llanto profundo y silencioso

Pasó la noche dentro de la casa, deambulando por las habitaciones, ya sin poder llorar, aunque lo deseaba intensamente

Por la mañana enterró una carta en el jardín, y luego se dispuso a marchar nuevamente hacia Buenos Aires

“Te la entrego aquí, donde tantas veces te encontraste sentada, leyendo, riendo o llorando; donde yo mismo te lloré esta última vez

Te entrego esta promesa, que ya hace tiempo te escribí. La o lo voy a encontrar, viviré sólo por ello, y cada respiro que dé será para ello

Te pido perdón, por esas tantas veces que me enojé porque no me acompañaste ese día que partí a un lugar más seguro; te pido perdón por no entender que no querías bajar los brazos y dejar de luchar desde acá; y te pido perdón, aunque no puedo dejar de pensarlo, por soñar tantas veces con cómo hubiera sido si ese día en el tren, hubiéramos estado juntos

Te amo, y siempre llevaré nuestra lucha en las manos

Adiós, pero hasta siempre”